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Bucle

3 may
Comienzo mi descenso particular, aún con legañas en los ojos. Conservo una tímida sonrisa tras el disfrute del concierto xilofonil mañanero.  Llevo conmigo un tronco de Brasil, camino del hospital de plantas, sus hojas se reflejan en el retrovisor anhelando la calidez tropical. Pasada Peña Caída tampoco luce el sol. Ideas inconexas aturullan mi cabeza. Un escalofrío que comienza en los dedos de las manos me recorre todo el cuerpo. Será este frío primaveral que me ha pillado de sorpresa. El aleatorio vuelve a sorprenderme, seleccionando cada tema con un gusto exquisito, arrastrándome a lo melancólico. No acabo de estar triste, pero tampoco soy, en el fondo, la alegría de la huerta. La teoría de los círculos se ha transformado en un bucle, un círculo que no consigo terminar de dibujar. “Lo conseguiremos“, me decía hace unos días Hembra Beta, “si no es en junio, será en septiembre“. Quizá se me esté acabando la paciencia, o las fuerzas. El polifacetismo se me amontona. O será que además de bi-anual y bi-dimensional, soy un poquito bi-polar (pendiente de diagnóstico).

Love

Para M, ésta siempre será nuestra canción…

Dreams

16 ene

La otra noche tuve un mal sueño. Fue como una premonición, fantasmas de aniversario que amenazan con volver. Me despierto aturdida. Tengo prisa. Mi coche está cubierto con una capa de hielo. Saco mi rasqueta rosa y recuerdo cuando compramos el lote de tres en la gasolinera de Villanúa, años ha. Me sonrío, aquello sí que era luchar contra las inclemencias del tiempo. Enciendo el mp3 del coche, que me regala el “Jóga” de Björk. Esperanzador. Gracias a la música, que me ha dado tanto. Y emprendo el camino, indocumentada.

Qué linda vista desde el alto de Monrepós. Hace sol, sus rayos reflejan en la nieve creando una luz casi transparente. La carretera está blanquecina no sé muy bien si por la sal o por el hielo, pero tengo bagaje. Conduzco despacio, para qué correr, me empapo del paisaje. Como casi siempre que emprendo estos pequeños viajes, me da por pensar que voy a escribir esto en el blog. Y empiezo a sintetizar mis ciclos bianuales mientras canto a grito pelao lo que el aleatorio (que siempre sorprende) me pone por delante. Aunque me vistas de negro, seguiré siendo de pueblo.

Esta vez los fantasmas no podrán conmigo. Pienso tomarme unas cañas, a tu salud, donde quiera que estés.

Salud!

Adiós Discordia Adiós

3 dic

Hoy he hecho uno de mis últimos viajes a Discordia. Me he estado resistiendo a que llegara este momento, entre otras cosas, por causas de fuerza mayor que ya he relatado. He recogido mis últimas pertenencias, las he cargado en la furgoneta y he cerrado la puerta con doble vuelta de llave, en sentido contrario, sí. Son pocas escaleras de bajada, pero me ha dado tiempo a rememorar algunos recuerdos, aún cercanos…

La Suka con sus pseudo-calcetines de invierno, Hembra Beta y yo riendo detrás como crías que regresan de hacer angelitos en la nieve. Mi niñas corriendo por el pasillo y gritando “tieta, ¿donde estás?”, cargadas de energía. Ojal-a llegando cargado siempre de bultos, y madalenas de la panadera de Lanaja. Un pequeño reducto monegrino en las jacetanias. La jerezana que estaba poco, pero siempre traía esa alegría característica del sur. Visitas, muchas, siempre agradables, a veces improvisadas. Mi habitación, blanca inmaculada, un remanso de paz. Esa lámpara que al principio no podía mirar, y a la que acabé cogiendo cariño. El cuartuchón-vergel y los talleres de jardinería de interior. Variopintas selecciones musicales sonando desde el cuarto de baño. La compra en el Día%, cada precio es una oferta. Tuper diario para la oficina, este es tuyo, este es mío, me falta la tapa, y este… ¿de dónde ha salido? Festivales decadentes. Tapas aceleradas. Caipiriñas en La Bici. La Venecia jacetana. Siempre haciendo maletas para iniciar otro viaje, a veces cercano, a veces lejano, unos de trabajo, otros puramente ociosos. Y regresar a esa casa enorme sólo para mí, segunda residencia en las montañas. Un hogar para la recuperación y la creación. Un hogar bloguero.

Me gustó vivir allí. Empezó casi un año atrás, también nevaba. La mudanza fue atropellada, como la que vuelvo a hacer ahora, como todas. Mudanzas físicas y de pensamiento. La teoría de los círculos se confirma. Otro día la explico, hoy sólo puedo decir “adiós Discordia, adiós”. Me queda esta bitácora, in memoriam.

Wellcome to Burbuja

17 nov

Habíamos pensado en abrir una consulta popular. Incluso en una fiesta de inauguración, con sus impresiones. Pero como dice la Tremen, “no tengo el chichi para farolillos”… Todo llegará. Así que nos hemos adelantado y hemos decidido vivir en Burbuja. Sucursal de Discordia y compañera de Patera. Eso sí, es una burbuja enorme, con buenas vistas y un par de baños, por si las prisas. Con una piscina que no es nuestra, una azotea para tomar el sol y un armario lleno de tuppers. Aquí hay sitio para toda la discordia junta.

Pase, pase, que le invito a un cafelito…

De vuelta de todo (y III)

2 nov

Tránsito en el aeropuerto de Miami. Táxi rápido hasta la Beach. Primera línea de playa, mas descontextualizados que nunca. Vaya jarta de calor y, con esta pinta que llevamos si optamos por el baño rápido igual hasta aparece Pamela. Mejor no, no estamos preparados para más emociones. Cochazos, canalillos y negracos por doquier. La pequeña Habana. Cuánto glamour y yo que cutre. Bistec, chips y café de litro. Volvemos. Esto es el principio del fin.

Subimos al avión y entro en un estado de soñolencia del que a día de hoy, creo que aún no he despertado. Entretanto, me fracturo la muñeca derecha, nada más aterrizar. A mí me gusta contar que me mordió un cocodrilo de la selva nicaragüense, pero no cuela. La realidad es mucho más aburrida, soporífera incluso. Durante un par de semanas entro en estado de shock profundo que no sé si se debe al jet lag, a la cantidad de información a asimilar o a los calmantes para evitar el dolor.

Remonto como puedo, he de cumplir los objetivos marcados antes de la partida, mudanza incluida. Sóla no puedo, con amigos sí. Gracias a vosotros, una vez más, lo estoy consiguiendo. Comienza la segunda vuelta, o la tercera, o cuarta, no sé… Ahora sí. El retorno a Fatoland esta vez promete, seguro.

De vuelta de todo (parte II)

21 oct
La Concordia (Nicaragua)

¿Cómo amaneció? Solían preguntarnos en la mañana. Conforme pasaban los días aprendimos a responder con un “más o menos”. Frijoles, arroz, tortitas de maíz y cuajada, los mismos alimentos básicos, combinados de múltiples formas. Frutas y verduras. Con suerte un día había huevos, o la gallina que habían traído a la mañana, degollada y a medio desplumar. La Yaya cocina estupendo en su cocina de barro. Por allí, por ese comedor improvisado, iba pasando gente en busca de su ración. Se sentaban un ratito, nos observaban. Seguramente la jovialidad occidental les agradaba, incluso les sorprendía.

Siguiente tarea, la espera. Podíamos pasar horas en la mecedora, viendo pasar el tiempo, despacito. Platicando. Gente que va y viene y nos deleita con sus historias. Duras historias a las que no es fácil quitarles hierro. Asentimos con la cabeza, un gesto que se adquiere desde el primer día, porque aquí lo importante es escuchar, aprender, sentir. A veces, con suerte, la espera era tan corta que se nos solapaban las actividades. Es lo que tiene la improvisación, el dejarse llevar. Ahora acá, ahora allá, sin prisa y con pausa.

Subimos en la camioneta. Nunca sabes lo que te deparará el viaje. Éramos 7 cuando empezamos, ahora somos 15. Se me inundan los pulmones de aire de libertad. Se me llenan los ojos con la inmensidad del paisaje. Agárrate que viene bache. Agáchate que viene rama. Hemos tenido suerte, el camino no está embarrado. Es más, lo están adoquinando. Ya hemos llegado, con un moratón más, pero a salvo.

Cuántas cosas en poco tiempo. Cuántas vivencias. Cuántos cafés de puchero, compartidos, uno tras otro. Jugos, Rojitas y Toñas. Cuántas historias, cuántas peticiones, cartitas y revisiones, conclusiones. Sonrisas y saludos. Actos, eventos y reuniones. Conversaciones a veces intraducibles, incomprensibles, insostenibles. La vida acá se mide con otro baremo.

La sensación a la vuelta es extraña. Medio llena, medio vacía. Escucho en mi interior esa voz que me dice… Vuelve. Va pues!

De vuelta de todo (parte I)

14 oct

Estoy densa, venía ayer comentándole a Ojalá. Y algo desubicada. Seguramente el haberme descalabrado el brazo a la vuelta no me ayuda. Pero eso es motivo de otro post… Me cuesta hacer memoria para relatar todo un mes de aventuras y desventuras, para terminar de nuevo donde empecé. Un círculo con principio y fin.

Un mes atrás estaba cogiendo el AVE, clase preferente. Metro directo a la T4, equipaje de mano y vueling. La guagua, el ferry… todos los medios de transporte posibles para salir de la península, directa al asadero gomero! Grata bienvenida, y más grata aún, si cabe, la estancia. Papas arrugás y mojo picón. Una Dorada, y los Salvapantallas. Borracho hasta el amanecer, cantaban, cantábamos. El bar de Manolo, nunca había visto tantas reliquias colgadas del techo. Qué decir de los jamones… El descubrimiento de la terraza de los apartamentos Quintero, con vistas al mar, y del ron JM (de jueves a martes). Muchas risas, maja gente. Me traje la lluvia de la península, pero no me importa. Vaya paliza que os di jugando a los bolos, ja! Me eslomo subiendo a La Lomada, una y otra vez. Ahora entiendo por qué las canarias tienen el culo tan preto. El chiringuito de la playa de Santiago, y el camarero italiano que no calla. Unas flores para la señorita. ¿Natural o leche-leche? Almogrote, potaje de berros, gofio y party meat. Cinco Varas, Guarapo y vodka pomelo. Cucas. Muchas. Cuba Libre y zumo de papaya. Mis chicos de la tele en busca de la noticia. Reportajes, directos y fibra óptica. Pasar de 0 a 1000 metros en apenas 20 minutos. Alto de Garajonay. Aquí también hay niebla, pero con más grados. Esta isla es como una madalena. La única palmera de la playa de la cueva es mía. Un libro, el mp3 y mis pinturetas. Ya casi soy feliz. Bienvenidas y despedidas. Y el show cooking. La nieta del pintor, el silbo y Curbelinni. La Punta y la otra, la del humero y las puertas acolchadas. Esto se acaba, para todos, y empezamos a ponernos melancólicos. Pero no, esto es sólo el principio de lo que está por venir… Fue un placer, compañeros gomeros.

At home, no home

19 ago

A veces me gustaría retroceder en el tiempo. No un mes, ni un año, sino volver a aquellos días en los que, a pesar de las carencias, eran otros tiempos.

A veces querría mirar hacia arriba y que el tejado se mantuviera en su sitio, y que las nubes se alejaran y la tormenta no dejara que el agua se filtrara a través de cada una de tus rendijas. Que con tan sólo un soplido todo el polvo acumulado desapareciera. Que con un simple chasquido los trastos se reorganizaran.

A veces sueño con que todo esto ya ha pasado, que he reconstruido mis cimientos, y que por fin, esta pesadilla ha terminado.

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