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Survivors

31 oct

survivors

Cojo las llaves por inercia, aunque ya no sea del todo mi casa. Pincho un viejo mp3 que andaba perdido en el coche. Arrancó melancólico. Va a tener razón ojal_a con lo del tecnotriste. De camino me surgen historias. Pero no siempre suenan tristes, sino evocadoras, cercanas, propias. Recuerdo momentos personales y compartidos en cada paso que avanza el cuentakilómetros. Y me sonrío por dentro al traspasar hitos. Estamos preparados. Las sabias palabras de un niño de nueve años nos ayudan a comprender muchas cosas. Sabemos de dónde vienen. Para qué quieres llorar, pudiendo recordar.

Vanalicemos esto. Al fin y al cabo, quien nos iba a decir que acabaríamos cual chicas “Almodovar”, adecentando el terrenico como la Raimunda en “Volver“. Ya estamos en casa. Y tú, ¿a quién tienes? Tengo el kit especial para la ocasión. A mí que me quemen y me tiren en la Florida. O mejor, en la Monegros, para mezclarme bien con la arena del desierto sonoro. Porque aunque seamos modernos, seguimos siendo de All the Saints, y no de Halloween. Improvisamos un ramo con la tricolor para una joven republicana, otro hito en nuestros recuerdos. Sí, así era… nos dice otra de las míticas del pueblo, con esa mirada limpia y familiar. Viva la república independiente de nuestras vidas. Pechugas empanadas y judietas, ya tú sabes. Te invito a un helado, un flash de cocacola. Jomio, haz el favor de marchar, no se te vaya a hacer de noche. Abrígate. Y llámame cuando llegues. Regreso a casa con el atardecer, pensando que somos como ellas. Y así seguiremos siendo, porque es lo que queda, lo que nos queda. Y porque me gusta ser así. Guardamos cada uno de los recuerdos y después los hacemos suyos, nuestros. Así nos enseñaron a seguir compartiéndolos. Cuídate y peinate, amor.

Sí, estamos preparados. We’re survivors.

Me acuerdo

21 abr

Me acuerdo siempre que me dices eso de “esto para el blog” de que tengo que escribir más, sí. Y cuando lo dices, yo afirmo tímida o entusiastamente según el día, porque llevo tantos avatares entre manos, que tengo la impresión de haberlo contado ya todo sin haber contado nada. O de que alguien ya lo contó antes; en vivo, en directo, en streaming o en un tuit. Porque a veces pienso que mi vida ha dejado de ser interesante incluso para mí misma. Y me sale siempre lo mismo, las mismas palabras, melancólicas, asténicas. Y entonces pienso que he debido perder la inspiración, o la gracia, que me la debieron robar con el mes de abril, o el de mayo, que aún no ha llegado pero por eso precisamente. Así que hoy, mientras espero que caiga esa tormenta primaveral que arrastre todos los males, me acuerdo…

Me acuerdo de ese peñazo de escenificación feminoide, y me reitero en que no estoy yo hecha para los nacionalismos, por muy feministas que sean. Más nos valdría habernos quedado echando penaltis.

Me acuerdo del rastrillo en Borce, del que volví con una matrioska rusa, una boina francesa, una caja de historias alemana y una insolación al estilo tradicional. Y también con una linda colección de kokeshis de manos de mis pequeñas artistas.

Me acuerdo de la vichisoise y del lomo a la sal, del animal de fondo que todos llevamos dentro, de la movida oscense, del rascatrisqui y del agua de coco con coco.

Me acuerdo de que tengo un montón de conversaciones y vidas pendientes, de lo terrenal y lo fantástico, y de que la omnipresencia no es viable, ni recomendable. Y de que llega un momento en el que ha pasado tanto tiempo que no sabes como retomarlo.

Me acuerdo del concierto de anoche, de que soy víctima del RadarLab, y me gusta que siga siendo así, aunque siga siendo minoritario. Nunca fui con la mayoría.

Me acuerdo de que cuando sacasteis los billetes yo no me atreví por una cosa, que luego se convirtió en otra y que hoy que se ha ido todo al garete, me doy cabezazos por no haber pasado antes de todo y de todos y haberme comprado una pamela bien grande.

Me acuerdo de que se terminó el cineclub de los martes, y de que no fuimos a despedir la temporada, ni hemos conseguido terminar de ver “Los Tudor”, a falta de tres capítulos.

Me acuerdo de casi todo, casi siempre. Y eso no tiene porqué ser bueno.

* * * * *

“Me acuerdo” de Zeina Abirached, el porqué de este me acuerdo. Un cómic que cuenta la cotidianeidad de una niña durante el transcurso de la guerra en Beirut.

Me acuerdo

Ababol 2.0

3 abr

Media_httpimagesinsta_scycvTaken at Mallos de Riglos.

Primer ababol avistado (de cerca) de la primavera.

Un año más me repito a mí misma eso de “Ay, ababol!”. Están siendo unos días de reencuentro conmigo misma, de revisión de lugares y personajes importantes, con ese toque internacional añadido que he adquirido no sé muy bien por qué. No sabemos lo que nos deparará la vida en estos momentos en que todo el mundo se lleva las manos a la cabeza con la crisis, las elecciones, ataques, revueltas, terremotos y radiaciones… Pero espero que me dejen seguir disfrutando, hasta que el mundo se pare, de todos estos momentos “revival”.

Creo que tanto ambiente florido-campestre me ha dejado un poco atontada… Ay, ababol!

Remembering the “Periferias”

15 nov

Demasiado tarde para la crónica periférica, lo sé. He de reconocer que esta nueva edición me la he exprimido al máximo, programica en mano para ir destacando y tachando. Como conclusión, me quedo con Fredo Viola (ay, qué lindo…), Baro d’Evel Cirk Compagnie (una propuesta de circo totalmente diferente… y sorprendente!), la divertida sesión de tarde del Bleep (destacando a Hungry Bogart y la Art Lab Geek Orchestra, que eso de ver a J rompiendo un saxofón de juguete, en vivo y en directo, me dejó impresionada) y el esperado Alva Noto, que entre proyecciones y ruidismos, nos dejó con las ganas de bailotear entre las butacas. Podría contar mucho más, sobre nuestras nuevas consignas de Petroooff o sobre Horse? – Madame; sobre la escena de la peli en la que, de repente en una cena familiar aparece la madre que estaba muerta y el hijo que se había transformado en mono y allí nadie se inmuta; sobre los devaneos del equipo undergroung en torno a un gin-pepino; sobre las plataformas con la bandera de Jamaica pintada de Lee Perry; sobre la encantadora regidora que nos proporcionaba bebibles a destiempo; sobre los intensos momentos en la peripecia más absoluta; sobre esa oficina de producción siempre dispuesta (y cercana…); sobre los nuevos vermús y los nuevos tiempos… Pero hay cosas que hasta, seguramente, se me habrán olvidado… Casual o causalmente.

Demasiado tarde para la crónica, pero más vale tarde que nunca… ¿Algo que añadir?

Ababol

3 abr

En mi pueblo a las amapolas se les llaman “ababoles“. Y es en primavera cuando se llenan las verdes llanuras cerealistas de esas pintetas coloradas, bajo horas interminables de sol recio. Es lo más parecido a la sensación de estar viendo el mar que tenemos. Uno de esos bonitos recuerdos intermitentes clavados en mi retina.

Pero “ababol” es también uno de esos calificativos del contexto local, graciosos y entrañables, siempre dichos desde el cariño. Viene a querer decir algo así como ingenua, bobalicona… Otro de esos palabros que, como torrollón y espinguetero, cuando vuelvo a escucharlos, siempre consiguen arrancarme una sonrisa cómplice…

Y es que, a pesar de haber superado mi reciente “síndrome de adolescente sin saldo (tehagounaperdida)“, esta primavera se me ha presentado un poco así… ¡Ay, ababol!

Mis torciditos…

7 feb

Al hilo de los recuerdos y los sabores de ayer, había pensado hacer mención a uno de esos aperitivos que llenaron mi infancia. Los Torciditos de Cheetos. Para aquellos que no los recordéis, eran los de la bolsa azul. Junto a las bolitas y los ganchitos, formaban la serie de Cheetos de Matutano. Eran como los risketos de hoy en día, pero más crujientes, con un sabor a queso característico, y, sobre todo, no te pringaban los dedos de colorante naranja insípido. Pero un día los retiraron, siguiendo algún tipo de estrategia de ventas desaforada, y abandonaron a un público de corta edad totalmente enganchado. Quizá fuera mi primera adicción. No he encontrado mucha información, han sido grandes olvidados en este nuestro país, de esa generación de la EGB y las rodilleras en los pantalones. Alguna referencia de que ahora en algunos lugares americanizados, se conocen como Crunchys, pero ni rastro de la bolsa azul y el ratoncillo que la abanderaba, con un torcidito en la mano a modo de espada de mosquetero del queso.

El caso es que me parece alucinante como nuestra memoria se llena de recuerdos y vivencias, y es capaz de recordar un sabor, un olor, un sonido o una textura y transportarte a otros tiempos en apenas segundos. Estamos acostumbrados a hacerle caso a la vista, pero a veces las apariencias engañan.

Recuerdo tres grandes tareas de mi infancia, de esas que sin saberlo, te empiezan a implicar en las tareas de la vida. La primera era ir a hacer la compra al colmado de al lado de casa, la segunda ir a por leche a la vaquería y la tercera, mis múltiples labores como hortelana. Tareas que realizaba con apenas 6 ó 7 años, en un medio rural en el que podías campar a tus anchas y en el que aparentemente la mayoría de peligros de hoy en día no existía. O no se consideraban peligros, porque formaban parte del aprender a sobrevivir. Supongo que esto puede formar parte de una serie de post, porque este ya me está quedando bastante largo para haberlo empezado hablando de algo tan banal como mis Torciditos…

pa mi Almus!

29 ene
He estado unos días fuera.
Fuera de mí, quiero decir.
Pero vuelvo.
Ya llegué.
Estoy de nuevo.
Ains, no sé…
¡Cómo pasa el tiempo cuando no pasa nada!
Todo pasa.
Despacio, deprisa.
Todo llega.
Uno, dos.
Todo gira.
La vida son círculos y yo soy bianual.
Ya pasó, ya pasó.
Si es que a veces, para estar a medias, mejor no estar.
O pasarlo todo de golpe.
Pero lo llevo bien, gracias.

Love


Almus me dedicó este video, no es mi estilo, pero me viene al pelo… Pa mi casa!


Co-co-ua

21 ene

Intuimos que nuestros post-musicales no tienen mucho éxito. Quizá nos ponemos demasiado serios, para lo jautos que somos en una realidad paralela. He encontrado esto, y no he podido resistirme. Esos saltitos, esa media vuelta, ese atrezzo tan realista… ¿Será que tengo ganas de bailar? Aunque sea haciendo la gallinita… Ups, estoy fatal de lo mío, lo sé.

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