Archivos por Etiqueta: callejón

Son mis amigos

25 ago

Son mis amigos, en la calle pasábamos las horas…

Junio fue un infierno, julio un parón, y en agosto ya vamos desatascando. Por las visitas al paraíso (uno y dos) y el Océano Atlántico. Por el final tudoriano y por la que está por decidir. Por las que trabajan codo con codo, y el vino blanco. Por las que van y vienen de London. Por los que no entienden ni papa (ni al papa) pero se parten con tus gracias. Por los aloe vera de Patera y el pollo “con lo que tengas”. Por o’callejón ayerbense y su recorrido. Por los que te intentan intoxicar con amor, siempre entretenidos. Por los menús del día en Bochorcity. Por las antenitas, los almuerzos y los brazeles. Por los Seymour y los complementos a lo cubano. Por las llamaditas desde muchas partes y las felicitaciones interestelares. Por la desintegración en los bailes de pueblo montañés. Por las partys infantiles, los ganchitos y los sandwiches de nocilla. Porque es lo que nos toca ahora, en este agosto de resurgir.

Son mis amigos por encima de todas las cosas.

Remembering the “Periferias”

15 nov

Demasiado tarde para la crónica periférica, lo sé. He de reconocer que esta nueva edición me la he exprimido al máximo, programica en mano para ir destacando y tachando. Como conclusión, me quedo con Fredo Viola (ay, qué lindo…), Baro d’Evel Cirk Compagnie (una propuesta de circo totalmente diferente… y sorprendente!), la divertida sesión de tarde del Bleep (destacando a Hungry Bogart y la Art Lab Geek Orchestra, que eso de ver a J rompiendo un saxofón de juguete, en vivo y en directo, me dejó impresionada) y el esperado Alva Noto, que entre proyecciones y ruidismos, nos dejó con las ganas de bailotear entre las butacas. Podría contar mucho más, sobre nuestras nuevas consignas de Petroooff o sobre Horse? – Madame; sobre la escena de la peli en la que, de repente en una cena familiar aparece la madre que estaba muerta y el hijo que se había transformado en mono y allí nadie se inmuta; sobre los devaneos del equipo undergroung en torno a un gin-pepino; sobre las plataformas con la bandera de Jamaica pintada de Lee Perry; sobre la encantadora regidora que nos proporcionaba bebibles a destiempo; sobre los intensos momentos en la peripecia más absoluta; sobre esa oficina de producción siempre dispuesta (y cercana…); sobre los nuevos vermús y los nuevos tiempos… Pero hay cosas que hasta, seguramente, se me habrán olvidado… Casual o causalmente.

Demasiado tarde para la crónica, pero más vale tarde que nunca… ¿Algo que añadir?

Primer intento

12 ago

Mi primera experiencia como panadera ha resultado un poco desastrosa. He decidido obviar la fotografía para no herir sensibilidades. Simplemente diré que ni tiene forma de pan, ni una miga esponjosa, ni sube, ni baja, ni nada que se le parezca. Seguiré intentándolo. Pero las plantas de la mesa de la oficina que adquirimos en el mercadillo la semana pasada las tengo preciosas, oiga.

Conclusiones:

  • Pasar más de doce horas seguidas en un callejón puede ser contraproducente.
  • Si la masa de pan no es lo mío, siempre me puedo dedicar a la floristería.
  • Quizá como azafata del “Un, dos, tres” también pueda tener futuro.
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