… una de playa!
Que ya me he cansado de tanta vida p’adentro. Vuelvo. Pero sólo un poco. Igual hasta me marco una crónica, si supero el stress semanal, ya veremos.
Bye, bye love all!
… una de playa!
Que ya me he cansado de tanta vida p’adentro. Vuelvo. Pero sólo un poco. Igual hasta me marco una crónica, si supero el stress semanal, ya veremos.
Bye, bye love all!
Los jóvenes castores, el armario de la Nancy, las sábanas con puntillas, el Casio con cinta, los vídeos de la transición, los puzzles de los Pitufos, el costurero de la Srta Pepis, el Exin-Castillos, los cuentos troquelados, las jarritas de cerveza multicolores, la mantelería de señora casada, el álbum de cromos de Willy Fog y el de la abeja Maya, escuadra, cartabón y Rotring college set, la enciclopedia Espasa, los libros de lectura Senda, la cubertería buena, postales de felicitación del puño y letra de la abuela, patucos y zapatetes del número 17, y más juguetes, y más libros, por todos los rincones, en todas las cajas. Y aún no está todo. Hoy siento más cerca, más dentro todos esos recuerdos del pasado. Es lo que me queda. Y cada vez entiendo más cosas del presente. Fue todo cosa de ella, lo intuyo.
“As long as the lime trees still blossom in Unter den Linden, Berlin will always be Berlin”
Marlene Dietrich
Será que tengo la vida hincada, como le pasó a ojal-a cuando visitó esta misma ciudad. Que después del loco verano ha llegado el momento de regresar a mi generación. Que ya pasó lo de la alegría de la huerta, que ya está yermo ese huerto, hace tiempo. Que lo único que me ronda es que tengo que cerrar ese círculo, por mucho que me pese, como tantos otros. Será que muchas de las cosas que eran casi imprescindibles para mí, se quedaron en el tintero por impredecibles y variadas circunstancias. Que el orden se convirtió en desconcierto. Será que tengo muy claro lo que me gusta, lo que no me gusta y lo que me disgusta, y que ya no estoy para moralinas. Será porque tengo propiedades pero no tengo cash, que no era todo lo que me esperaba o que me esperaba otra cosa. Será por el ladrillen en el estomaguen y el pelo chucrut. Porque me gustan más las menudencias que las decadencias. Porque prefiero sentir que tocar. Las zapatillas que los tacones fashion. Las baratijas que el glamour falso. Las tintas planas que las tridimensionalidades desmesuradas y el pan de oro. Porque no era el tiempo en el que los lilos florecen sino el que empiezan a perder las hojas. Porque sólo quería evadirme mirando al sol, sentada en un banco gigante del que me colgaban las patetas, mientras la música sonaba, con un cigarrillo en la mano. Y llenar la mochila de pequeñas cosas que se convirtieran en despropósitos. Aún así, me traje un buen puñado de ideas reutilizables que ando pensando cómo madurar.
Pero, sin que nadie se diera cuenta, compré una batería nueva. Volví con ganas. Que venga el otoño, aquí lo espero.
Será eso.
Volvió la normalidad, at last. Y parece que a la tercera va la vencida. Mi tercer pan fue un éxito integral con pipas, y un placer el compartirlo en el ultimísimo fin de fiesta, un ágape con mucho glamour. También mi tercer abanico fue el único que resistió a la bacanal, junto al resto de complementos que aún llenan mi mesilla de noche (y de día). Más de una semana de grandes reencuentros y apenas encontronazos. Y aunque lo intenté, a todo no se pudo llegar. Gente de ayer, de hoy y de siempre, y también de otra galaxia. Una lágrima cayó en la arena. Get it up (que no giveitup). Plié de mediodía. Gracias por venir. Paletilla y caracoles, sushi a destiempo, bocata tropical, guacamole, brava, boquerón, paella y champán rosa con funda de neopreno. Jornada reducida, y aún así no me da. Un saco de cebollas misterioso a la hora del vermú laboral. Abrimos puertas, cerramos heridas, otro día-noche más. Por veinticinco pesetas, grupos de skweee. All my loving, nainonainoná. Yo es que a estas horas, just can’t get enough…
Cuelga tú. No, cuelga tú. Que no, cuelga tú… Arreaaaa!
Mi primera experiencia como panadera ha resultado un poco desastrosa. He decidido obviar la fotografía para no herir sensibilidades. Simplemente diré que ni tiene forma de pan, ni una miga esponjosa, ni sube, ni baja, ni nada que se le parezca. Seguiré intentándolo. Pero las plantas de la mesa de la oficina que adquirimos en el mercadillo la semana pasada las tengo preciosas, oiga.
Conclusiones:
Un, dos, tres, chocolate inglés. Los cortos largos no molan. El del conejete podría haber sido gracioso, pero fue un poco coñazo. Queremos un kebab, pero pasamos de las terrazas. La noche se aventura monegrina. No, no, yo soy del pueblo de al lado, casi igual. Los jóvenes de hoy en día no tienen ideales, pero conducen cochazos. Las hombreras ya habían vuelto, incluso pegadas al jersey, y la falda globo. Du hast. Confundo a Íñigo con el Chapulín Colorado y a Tina con Lina Morgan. Cada vez que te dejo sola te da por la psicodelia. Caperucita, Caperucita, ¿qué llevas en esa cestita? Let’s dance. Mucha actitud, menos aptitud. La Tarara sí, la Tarara no. Justo, dale color a esto. Gran Scala nos salvará de la crisis. Y el círculo del sol recio. Sold out, sold out, sold ouuuut…
Algo pequeñico, uououoooo. La tía Lolita cosía muy bien. Esto está de lo más divertido, seguimos reencontrándonos. Y venden cuadros. Hazte valer jamia, haz el favor. Hoy mola más la sesión. Ya te lo he dicho. Queremos que nos firmes el póster de Busta. Alguien se está dedicando a robarme las cervezas. No, yo soy del pueblo de al lado. Yo también, del otro lado. ¿Nos conocemos? Pues va a ser que no. Tell me now how should I feel. Me voy a hacer un bono, y me lo vas (mas)ticando. Ayúdame a colgar las lucetas, que me va el riesgo. Soy de pueblo y me preguntas el porqué. Y tú más.
Comida interanual en Castelflower. Profundizando en las raíces. Cualquier día. Este año el arroz es negro. Pero hay langostinos. Y sangría-remember. Me reitero, “cómo hemos cambiado sin cambiar nada“. Y el gusto que da comprobarlo. Los mismos pero con menos pelo. Pues tú estás muy bien. Yo es que paso de todo. Me enveneno de cielos abiertos y horizontes lejanos. Cómo me gusta. Soy del llano, y punto. Ama, ama y ensancha el alma. Tú siempre decías que eso era moderno. Y lo era, pero ahora ya no. El ataque de las cosechadoras nocturnas. Seguro que ahora llega un ovni y nos abduce a todos. Pues no estaría mal. Nada mal.
Café con leche y Marbú Dorada mientras se me pierde la vista por la ventana. Aquel era mi huerto. Y lo sigue siendo. Bye bye, love. Me niego a terminar el fin de semana viendo Dirty Dancing, esto me supera. Venga, vamos a echarnos un sushi dominguero.