Son mis amigos
25 agoSon mis amigos, en la calle pasábamos las horas…
Junio fue un infierno, julio un parón, y en agosto ya vamos desatascando. Por las visitas al paraíso (uno y dos) y el Océano Atlántico. Por el final tudoriano y por la que está por decidir. Por las que trabajan codo con codo, y el vino blanco. Por las que van y vienen de London. Por los que no entienden ni papa (ni al papa) pero se parten con tus gracias. Por los aloe vera de Patera y el pollo “con lo que tengas”. Por o’callejón ayerbense y su recorrido. Por los que te intentan intoxicar con amor, siempre entretenidos. Por los menús del día en Bochorcity. Por las antenitas, los almuerzos y los brazeles. Por los Seymour y los complementos a lo cubano. Por las llamaditas desde muchas partes y las felicitaciones interestelares. Por la desintegración en los bailes de pueblo montañés. Por las partys infantiles, los ganchitos y los sandwiches de nocilla. Porque es lo que nos toca ahora, en este agosto de resurgir.
Son mis amigos por encima de todas las cosas.
Retorno atemporal
30 novSeguramente tengo un montón de cosas que contar, y otro montón que mejor no contar. Que aparezco después de parecer aparentemente desaparecida. Que no me había ido, que sólo me estaba dando una vuelta. Y pasé por Gredos, removing my linguistic barriers, y volví encantada pero cansada. Nice to meet you. He conocido a nuestra reina de Inglaterra particular, os lo aseguro. Próximamente en sus mejores chapas. Y pongo esta foto porque alguien me lo pidió mientras actualizábamos aventuras, seguro que adivináis quién. Pues sí que tenía un punto Saritísima, sí… Ayer mismo acordamos nuestro retorno a las tardes de grabado quincenales. Vengo gestando mi recopilación musical anual. Y alguna extraescolar más debajo de la manga. ¿Sabéis una cosa? Discordia está por unos días junta… y el retomamos cineclub de los martes.
Parece que sí, que después de tanto removing, volvió la aparente normalidad…
Adiós Discordia Adiós
3 dicHoy he hecho uno de mis últimos viajes a Discordia. Me he estado resistiendo a que llegara este momento, entre otras cosas, por causas de fuerza mayor que ya he relatado. He recogido mis últimas pertenencias, las he cargado en la furgoneta y he cerrado la puerta con doble vuelta de llave, en sentido contrario, sí. Son pocas escaleras de bajada, pero me ha dado tiempo a rememorar algunos recuerdos, aún cercanos…
La Suka con sus pseudo-calcetines de invierno, Hembra Beta y yo riendo detrás como crías que regresan de hacer angelitos en la nieve. Mi niñas corriendo por el pasillo y gritando “tieta, ¿donde estás?”, cargadas de energía. Ojal-a llegando cargado siempre de bultos, y madalenas de la panadera de Lanaja. Un pequeño reducto monegrino en las jacetanias. La jerezana que estaba poco, pero siempre traía esa alegría característica del sur. Visitas, muchas, siempre agradables, a veces improvisadas. Mi habitación, blanca inmaculada, un remanso de paz. Esa lámpara que al principio no podía mirar, y a la que acabé cogiendo cariño. El cuartuchón-vergel y los talleres de jardinería de interior. Variopintas selecciones musicales sonando desde el cuarto de baño. La compra en el Día%, cada precio es una oferta. Tuper diario para la oficina, este es tuyo, este es mío, me falta la tapa, y este… ¿de dónde ha salido? Festivales decadentes. Tapas aceleradas. Caipiriñas en La Bici. La Venecia jacetana. Siempre haciendo maletas para iniciar otro viaje, a veces cercano, a veces lejano, unos de trabajo, otros puramente ociosos. Y regresar a esa casa enorme sólo para mí, segunda residencia en las montañas. Un hogar para la recuperación y la creación. Un hogar bloguero.
Me gustó vivir allí. Empezó casi un año atrás, también nevaba. La mudanza fue atropellada, como la que vuelvo a hacer ahora, como todas. Mudanzas físicas y de pensamiento. La teoría de los círculos se confirma. Otro día la explico, hoy sólo puedo decir “adiós Discordia, adiós”. Me queda esta bitácora, in memoriam.
No es china
11 marY volvió a nevar, sí, y al día siguiente salió el sol y los habitantes de la casa de la discordia salimos de casa como si fuéramos críos en la busca de la dichosa movilidad. Visita al chino, en busca de una joyita ya fichada desde antaño. Tras cuatro vueltas, no la encontramos. Preguntamos a la china tendera, ¿un cuadro de una china que había colgado aquí durante mucho tiempo? Conseguimos dar con él. Una horterada así no es fácil de vender. Y le contamos a la china tendera que nos gusta mucho el cuadro. Ella, medio contenta por la venta, medio ofendida por nuestro prejuicio con la china en pelotillas, salta con su acento chino-jacetano:
China Tendera: No e china. Hay otlos países.
Discordia: Y un descuentillo? Lleva mucho tiempo ahí colgada…
China Tendera: No tiene fecha.
Desde luego señora china, ni precio!







