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Ababol 2.0

3 abr

Media_httpimagesinsta_scycvTaken at Mallos de Riglos.

Primer ababol avistado (de cerca) de la primavera.

Un año más me repito a mí misma eso de “Ay, ababol!”. Están siendo unos días de reencuentro conmigo misma, de revisión de lugares y personajes importantes, con ese toque internacional añadido que he adquirido no sé muy bien por qué. No sabemos lo que nos deparará la vida en estos momentos en que todo el mundo se lleva las manos a la cabeza con la crisis, las elecciones, ataques, revueltas, terremotos y radiaciones… Pero espero que me dejen seguir disfrutando, hasta que el mundo se pare, de todos estos momentos “revival”.

Creo que tanto ambiente florido-campestre me ha dejado un poco atontada… Ay, ababol!

Te doy mis ojos

26 ene

Un día, otro año
confuso, profundo.

Hoy no sé si sonreír o explotar a llorar,
aunque ya no quedan lágrimas
conservo pequeñas dosis.

Pasado que aflora,
que empuja,
pero que ya no vence.

Afortunada,
de poder superar sin olvidar.

Tiempo que pasa
y tú sigues cerca
con un ramillete de flores frescas cada mañana,
la más viva de tus esencias.

Manos amigas que tiraron de mí.

Oídos atentos que escucharon las palabras
que no se llevó el viento.

Que me alimentan.

Poder ver, aprender a mirar,
sentir, soñar
a través de tus retinas.

Y por fin,
respirar.

Te doy mis ojos,
oscuros, nerviosos.

Una y mil veces más.

Forever ❤

A veces

20 jul

A veces
alguien te propone volver a presidir un campamento de faranduleros
alguien te da un archivador repleto de listados, justificaciones y decretos
y te preguntas cuanto tiempo llevas sin hacer esto, pero porqué no hacerlo
y avanzas serena y con paso firme, a pesar de estar deshaciéndote por dentro,
y acabas con un sarpullido por todo el cuerpo que parece ser psicosomático. Ains.

A veces
Goya, Beethoven y Cervantes se aúnan y te arrancan una sonrisa que torna en carcajada de mediodía
Sonsi te invita a merendar en la parroquia mientras te manda a tomar por el culo
y tú te abanicas mientras cotilleas en el cine de verano bajo un bonito cielo estrellado en un pueblo maravilloso, coronado por una muralla de muros rojizos, de castillos históricos, pero con trazos oscuros.

A veces
te montas en la nave de los Little Einsteins, y conduces sin temor, por el cielo
o te embarcas en una lectura paisajística con Zipi y Zape sin ácido acetilsalicílico
o conduces una ambulancia que va recogiendo adolescentes con indicios de travestismo
o te montas un consultorio sentimental, al estilo Pitonisa Lola, con un jarrón que siempre tiene flores frescas y un botijo para afrontar los malos tragos.
Y te mueves despacio, como en el slow, mientras improvisas o haces el payaso, caracterizado para poder recitar los versos más tristes de esta noche, a lo lejos.

A veces
Pepi, Luci, Boom, otras chicas del montón y el tipo de mantenimiento se convierten en tus amigos porque los amigos de mis amigas son mis amigos
porque ha llegado mi hora y voy a morir, hermano, en Burdeos
porque tengo algo importante que decirte, esta vez sí, mientras él le hace los primeros auxilios a una gorra roja
porque el duodécimo día hacemos catacroquer simultáneo a pesar de seguir siendo unos nocherniegos.
Porque para un rato, una rata.

A veces
echo de menos un sofá, como Cptán, donde tumbarme al terminar el día para desconectar del mundo, tras vestirme la bata de andar por casa, en lugar de dormir en el barco de Chanquete
echo de más los días que nunca acaban y se juntan con las noches como un sinfín de momentos inconexos que acaban teniendo una razón lógica
y me compensan las risas compartidas, las miradas de asentimiento cuando le hablas al gran o pequeño grupo, como si creyeran que tienes la razón a pesar de que en un rato te la estarán pegando otra vez, los agradecimientos de aquí o allá, los “te quiero” y los grandes momentos que pasarán a ser buenos recuerdos.

A veces
sólo a veces gran amor.

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